La intransigencia es madre de la demencia


25S, jornada que quedará sin duda alguna para la historia más reciente. Dentro de unos años no muy lejanos los profesores explicarán en las clases cómo el pueblo español empezó a reaccionar por defender la democracia que hacía tantos años habían logrado, y los estudiantes escucharán, algunos atentos, otros como un ligero murmullo que interrumpe sus pensamientos mientras se preguntan cuándo terminará esa clase. Probablemente considerarán que se trata de algo lejano que no va a volver a pasar, al igual que mi madre cuenta que pensaba aburrida cuando mis abuelos explicaban sus vivencias durante la Guerra Civil; posiblemente crean también que su preocupación más inmediata es el presente, o el futuro más próximo, porque es lo que a ellos les va a tocar vivir. Pero lo que es seguro es que  la protagonista de entonces, de la Guerra Civil y del 25S, seguirá existiendo; y la historia continuará escribiéndose con mejor o peor guión: la intransigencia es madre de la demencia.

Pregunta. Antes de nada, ¿cómo se define usted?

Respuesta. Soy poderosa y muy influyente en las personas. Cuando actúo sobre ellas consigo que arrinconen el resto de sus sentimientos.

P. ¿Cómo recuerda su primera actuación?

R. Bien… Realmente no la recuerdo. Tenga en cuenta que yo estoy aquí desde que el ser humano es humano; yo nací con la Razón.

P. ¿Y no encuentra paradójica esa relación entre la Razón y usted?

R. Puede ser, ¿por qué no? Pero si lo piensa yo no sería nada sin la razón. La razón se nutre de pensamientos y argumentos, y yo me nutro de sus reflexiones de injusticia para invocar mis actos.

P. En ese caso, su relación para con la razón es de parasitismo, ¿no es así?

R. No (responde sin pararse a pensar siquiera).

P. Piénselo un momento, ¿no es parásito aquél que vive de otro sin aportarle beneficio alguno?

R. No, le digo que no. La razón también se beneficia de nuestra relación… Consigo que actúe contra lo que no considera adecuado.

P. ¿Y actúa mesuradamente?

R. Nunca. Para eso estoy yo, para que responda con fuerza.

P. Pero las consecuencias pueden ser catastróficas. ¿Sigue pensando que realmente ayuda a la razón?

R. Por supuesto (afirma de manera tajante).

P. Está bien, volvamos a sus actuaciones. ¿Cuál de todas recuerda con más cariño?

R. No podría elegir una, las dos Grandes Guerras fueron momentos muy importantes para mí; quizá en la Guerra Civil Española tuve también un papel fundamental. Pero aún estoy muy viva, tengo importantes proyectos en mente…

P. ¿Alguno en concreto que pueda explicarnos?

R. Bueno, quizá mi modus operandi esté cambiando; me adapto a los tiempos, ¿sabe usted? Antiguamente me instalaba en los más poderosos cuando algo no me gustaba para darle una “salida rápida” (hace el gesto de las comillas con los dedos). En el mundo de hoy ese tipo de conflictos serían mucho más peligrosos, así que prefiero ingresar en la razón del ciudadano de a pie al mismo tiempo que en la de los gobernantes para que los actos se empiecen a construir por el pie en lugar de por el tejado. Puede ver mi última actuación en los medios de hoy…

P. Muchas gracias por su tiempo.

R. Ha sido un placer.

Así que he hecho caso a la señora Intransigencia y he consultado los medios de hoy. Efectivamente, aparece en portada de todos o casi todos. Mi artículo favorito, éste; publicado en la página web de la BBC y analizado por Tom Burridge, además de los hechos explica los antecedentes y el contexto de lo que está sucediendo. Echadle un vistazo… Y al vídeo también.

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2 comentarios en “La intransigencia es madre de la demencia

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