La cigarra despilfarra


Hace unos días relaté la historia de Villaposible para ejemplificar que el problema básico de España no era solamente tratar de salir de la crisis, sino reformar las bases de la sociedad sobre la que se asienta. Hoy vuelvo a sacar mi vena cuenta-cuentos y os voy a narrar una famosa fábula que explica exactamente la visión que tienen en Europa de nosotros y por qué no están tan dispuestos a ayudarnos como nos gustaría ni del modo que nos gustaría

Había una vez, en un lugar mediterráneo, una pequeña cigarra que disfrutaba de los cálidos y largos días del verano cantando, mientras que una afanosa hormiguita correteaba de un lugar para otro buscando comida para llevar a su casa. La cigarra, de muy buen humor se reía de la hormiga:

— ¿No crees que es más bonito gozar de la vida con bellas canciones que trabajar todo el día como haces tú?-. La hormiga callaba y seguía su trabajo con tesón.

Pasó el tiempo, el verano llegó a su fin y tras él pasó rápido también el otoño. El invierno llegó en su fecha, abrigo y bufanda en mano, gélido, duro e indiferente. Y fue entonces cuando la cigarra dejó de cantar. Volvió a su casa en busca de refugio, y se dio cuenta de que no tenía trabajo, ni apenas casi provisiones para los fríos meses venideros.

Allí, sin nada que hacer, sin alimento que llevarse a la boca y casi helada, se acordó de la hormiguita. — Seguro que está calentita en su casa harta de comer… Iré a visitarla-. Y así lo hizo. La cigarra desafió al frío, y con sus últimas fuerzas consiguió llegar hasta el hormiguero. Una vez allí, llamó a la puerta e imploró:

— ¿No tendrás, buena hormiga, algo para comer y un rincón caliente donde poder pasar el invierno?

Pero la hormiga recordó los cálidos días en los que la cigarra se burlaba de ella, y muy enfadada le contestó:

— Yo trabajaba duro en verano para conservar mi trabajo y no pasar hambre en estos días fríos. ¿Qué es lo que hacías tú mientras tanto?

— Yo cantaba y reía alegremente sin pensar en el futuro-, respondió la cigarra.

— ¿Con que cantabas, eh? Pues ahora soy yo la que canto y río, y mientras tú puedes sufrir hambre y frío, que bien merecido lo tienes por despreciar a los que trabajan por su sustento. Cuando trabajes como yo, tendrás calor en invierno, comida y trabajo.

Pues bien, la cigarra en realidad no era tan pequeña, sino la cuarta más grande de toda Europa y se llamaba España. La hormiguita tampoco era pequeña ni tampoco era una sola: Alemania, Francia y Holanda, entre otras, son sus principales valedoras. En este artículo publicado por The New York Times el pasado viernes 28 nos cuentan cómo fue la “fiesta” de España a principios de siglo, y cómo llegó a su fin y sigue luchando por recuperar el estilo de vida de las “hormiguitas”. Y es que, al fin y al cabo, en España hay mucho arte pero la cigarra despilfarra. ¿Habrá final feliz?

 

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