No soy un banco malvado


Probablemente hayáis escuchado hablar mucho sobre el “banco malo” estas últimas semanas. Pero, ¿sabemos lo que es? Yo no lo tenía muy claro del todo, así que he estado un rato hablando con él para que me aclarara unos cuantos detalles. ¿Queréis verlo?

Sentado en un rincón de la sala, con la mirada gacha y los brazos cruzados en posición defensiva. Así se encuentra el Banco Malo antes de nuestro encuentro, y curiosamente es esa misma forma huidiza y tímida la que le ha dado la sociedad, relegándole al último peldaño de la gloria.

Pregunta. Buenos días. No sé exactamente cómo llamarle…

Respuesta. Llámeme Banco Malo si lo desea, así nos entendemos todos.

P. Muy bien. Pero antes de continuar, ¿le gusta a usted la denominación que se le ha impuesto a nivel popular?

R. Hombre, pues gustar, gustar… Creo que a nadie le gustaría que le identificaran como “malo”. Yo me siento más cómodo con el término oficial que se me ha asignado por parte del Gobierno de España o de México también, ¿por qué no?

P. ¿Y qué términos son esos? Probablemente la mayoría de nuestros lectores aún no los hayan escuchado siquiera.

R. Seguramente, porque los medios y los personajes públicos se empeñan en utilizar la denominación coloquial, y una vez impuesta la fama… En fin, no me voy a andar por las ramas. En España me han llamado oficialmente “Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, S. A.”, y en México “Instituto para la protección del Ahorro Bancario”. Pero entiendo que son extremadamente largos y el empleo del lenguaje es conocido por el afán de vagancia que provoca en las personas.

P. ¿Y qué nombre se pondría usted?

R. Pues fíjese, a mí me hubiera gustado más “Mundatis”, que significa limpio en latín; es llamativo, corto y fácil de pronunciar. ¡Y no me dirá que no suena mejor!

P. No se lo voy a negar… Pero no es muy intuitivo, ¿no?

R. A primera vista no… Pero ya se lo he dicho, significa limpio, y al fin y al cabo es a lo que me dedico: a limpiar al resto de los bancos de sus activos tóxicos. Banco Malo tampoco es intuitivo, ¡que yo soy buena gente, oiga! (Frunce un poco el ceño en señal de disconformidad, pero el suave tono de voz no acompaña demasiado).

P. Bueno, entremos un poco en materia. Concrete un poco para lo que ha sido creado.

R. Mi objetivo principal es reactivar la situación económica tan desastrosa que arrastran en este país. El Estado (o en caso de España, el Fondo de Reestructuración ordenada bancaria) me cede cierta cantidad de fondos públicos, y con ellos yo compro los activos tóxicos de todos los bancos incompetentes que no han sabido gestionarse adecuadamente.

P. ¿Y cómo se reactiva la situación económica de esa manera?

R. Es muy sencillo. Si usted hubiera prestado dinero a un amigo que no piensa devolvérselo, sabría que ese dinero no lo va a recuperar y se volvería, por decirlo de alguna manera, más tacaña. A los bancos les ha pasado lo mismo: concedieron préstamos irrecuperables y dejaron de dispensar créditos por falta de activo. Si yo les doy dinero a cambio de esos activos “tóxicos”, los bancos recuperarán crédito, volverán a conceder préstamos y las empresas reactivarán su actividad.

P. Suena muy bien. ¿A qué cree que se debe la mala fama que ha adquirido?

R. No sabría decirle… Desde luego no soy un banco malvado; al contrario, soy muy trabajador, siempre hago exactamente lo que me piden y manipulo los desechos de los demás bancos sin quejarme siquiera… (se frota las manos y queda ensimismado en sus pensamientos como intentando explicarse a sí mismo lo que sucede).

P. Le doy una pista: la necesidad de contribución de los ciudadanos.

R. Mmm… Quizá tenga usted razón; es que no destaco por mi empatía, ¿sabe? Sí, es cierto que parte de las contribuciones tendrían que hacerse por parte de los ciudadanos. Pero no es menos cierto que estamos en un punto en el que o nos sacrificamos todos por el futuro, o nos quedamos sin futuro.

P. Apunto esto último. Muchas gracias por su paciencia.

R. Gracias a usted por darme la oportunidad de mostrarme cómo soy.

Bueno, pues yo lo tengo un poco más claro, ¿y vosotros? Si no, siempre podéis echar un vistazo a esta página que descubrí hace poco. ¡Merece la pena!

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