Climatonomía


“El poderoso Huracán Sandy se acerca a las costas de Atlantic City, Nueva Jersey, aún con forma de tormenta de Categoría 1. Sandy continúa dejando lluvias y fuertes vientos a lo largo de toda la Costa Este. Algunas áreas de las regiones del Atlántico han recibido hasta 10 pulgadas de lluvia, con más en camino. Mientras tanto, en Nueva York, las fuertes rachas de viento han derribado una grúa que se encontraba en lo alto de un rascacielos. No hay noticias de heridos, pero la grúa sigue colgada peligrosamente sobre el lateral del edificio. Se espera que las condiciones…”

 Mery, ¡apaga la tele, corre!

 ¡Tranquila, mamá! ¡No hace falta que me grites!

 Es que cuando antes nos vayamos mejor. Tenemos que llegar al supermercado antes de que acudan las masas y nos dejen sin provisiones.

– Mamá, que es un huracán. En dos días habrá pasado y podremos salir otra vez a comprar. ¡No necesitamos comida para un mes!

– Cariño, el huracán no sólo afecta a las personas que nos cruzamos en su camino. Las cosas que tienen su hueco en ese recorrido también suelen ser dañadas, y eso significa que aunque pasado mañana nosotras podamos salir a la calle, seguramente a la producción de alimentos, vestidos o tecnología les lleve más tiempo recuperarse.

Y en efecto, eso es así. Los últimos acontecimientos que han copado la actualidad informativa de esta semana me han llevado a preguntarme cuánto y cómo puede afectar la climatología a la economía. Y no sólo se puede apreciar en esas consabidas circunstancias de los países menos desarrollados, donde sus climas extremadamente secos hacen muy difícil el desarrollo de una agricultura básica sostenible, o sus condiciones excesivamente húmedas impiden el establecimiento a largo plazo de buenas cadenas de distribución.

El tiempo influye en la vida diaria de las personas, y eso incluye las actividades comerciales y el consumo: ante una previsión de ola de calor, la demanda de aparatos de aire acondicionado aumentará, y el consumo de energía variará notablemente. Y lo mismo con una ola de frío siberiano.

De modo que, ante circunstancias tan excepcionales como este Huracán Sandy, los destrozos materiales no son los únicos efectos colaterales. La destrucción de los campos o el colapso de las conexiones eléctricas o de las instalaciones industriales puede dar un vuelco a la situación económica de una determinada región. Si se derrumba parte de un almacén de frutas, Mery y su madre tardarán en volver a comer manzanas o lo harán a un precio superior porque, además, las comunicaciones se habrán visto interrumpidas. De la misma manera, la inundación de una fábrica Apple principal privará de sus productos a buena parte del mundo y la compañía verá reducidos sus ingresos. Y cuando eso ocurre con muchas firmas, la magnitud del problema se vuelve catastrófica y hasta el PIB de un país puede reflejar las consecuencias.

A este respecto, os he rescatado este estudio realizado por Cecilia Sze y Paul Walsh que publicó ISO en marzo de 2010, donde analizan cómo influye el tiempo en la economía. No es actual, pero ahora más que nunca nos interesa lo que cuentan. ¡Os animo a leerlo!

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