Ojalá…


De la mano de su mamá, Pedrito se dirige ilusionado al centro de la Ciudad. Papá Noel estará sólo hoy recibiendo a los niños que, como él, tienen todas sus ilusiones puestas en la noche de Navidad.

El año anterior no habían llegado a tiempo y lloró durante horas y horas porque no había podido pedirle su regalo. Pero este año sería diferente. Papá Noel había llegado antes de tiempo y no pensaba dejar pasar esta nueva oportunidad que no sabía cuándo se repetiría.

Según se acercan al punto de encuentro, muchos niños alcanzan la misma avenida principal desde múltiples lugares: unos vienen desde las calles adyacentes, con sus gorritos, sus bufandas y sus guantecitos. Otros salen de la oscura boca de metro con sus mejillas coloreadas por el viento frío, y otros tantos bajan dando saltos de alegría desde los autobuses con los ojos brillantes como los destellos que produce la luz al reflejarse en los espejos.

Por fin han llegado… ¡Pedrito no puede ocultar su emoción! ¡Ya lo ve! ¡Ahí está! Regordete, risueño y bonachón. – ¿Estás nervioso, Pedrito?– pregunta mamá. ¡Por supuesto que está nervioso! Nunca lo había visto tan cerca… Ni siquiera sabía cómo era su voz hasta hoy.

– ¡Hola campeón! Ven, súbete a mi regazo que así estarás más cómodo.

Pedrito está tan nervioso que casi no puede articular palabra.

– Hola Papá Noel. ¿Qué tal está usted?

– ¡Jo, jo, jo! ¡Muy bien, hijo! ¿Y tú?

– Bien también… Muy contento por poder verle en persona.

– ¡Jo, jo, jo! ¡Muchas gracias Pedrito! Yo también estoy muy contento de que hayas venido.

– ¿Cómo sabe mi nombre?– Pedrito está anonadado. No sólo ha conseguido llegar a verlo, y a hablar con él, sino que además ¡le conoce!

– Yo lo sé todo, hijo. Igual que también sé que este año has sido especialmente bueno. Y dime, ¿sabes ya lo que quieres esta Navidad?

– ¡Sí! Quiero que Israel y Palestina dejen de matarse de una vez por todas y para siempre.

– Es la mejor petición que me han hecho en la vida, y mira que tengo años… Puedes estar tranquilo. Deseo concedido.

Ojalá fuese tan fácil, ¿verdad? Ojalá…

Niños en Gaza tratando de romper el récord Guinness de vuelo de cometas en julio de 2009
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