¿Somos patitos activos?


Había una vez una señora pata que pasaba día y noche incubando sus huevos para que sus patitos se desarrollaran sanos y fuertes y fueran capaces de enfrentarse al mundo que los esperaba cuando nacieran. Una mañana, algo cansada de tanto esperar, sintió un movimiento bajo sus plumas que la hizo emocionarse.
—¿Estáis ahí, hijos míos? ¿Estáis listos para salir?
—¡Cuak! —contestó uno de ellos a través de uno de los agujeros de su cascarón—. ¡Cuak, mami! —fueron respondiendo uno a uno.
Mamá pata, muy contenta, fue ayudando uno a uno a sus patitos a salir del cascarón, los lavó y les dio de comer.
Pero había un huevo que aún estaba intacto; ni un agujerito, ni siquiera un pequeño movimiento que indicara a su madre que el patito que crecía en él estuviera bien.
—¿Dónde estás, patito mío? ¿Por qué no estás aquí conmigo?
El patito escuchó las súplicas de su madre, y poco a poco comenzó a picotear el huevo que lo protegía.
Por fin, un pequeño patito vino al mundo. Era diferente a sus hermanos, y desde el primer momento en que lo vieron lo trataron como tal.
—No intentes alcanzarnos, eres más débil y no vas a poder. No tienes derecho al último pedazo. No te explicaré de qué nos reímos, nunca lo entenderías…
Pero mamá pata también advirtió esa diferencia, y
en vez de empujar a su patito más pequeño para que se pusiera a la altura de los demás, lo frenaba y lo tranquilizaba diciendo que no necesitaba ir tan rápido como ellos porque no eran iguales.

Pero, ¿qué le pasaba a ese patito? Lo mismo que a más de 3000 millones de personas en el mundo: que era mujer.
¿Somos diferentes porque no tenemos un cerebro que piense, una boca que hable o unas manos que trabajen? ¿No tenemos ojos que miran, olfato, tacto o emociones? ¡Claro que sí! Pero lo que no tenemos es igualdad de oportunidades desde que nacemos: algunas no tenemos derecho a la educación, porque es peligroso que aprendamos a sumar, a restar y a pensar; otras no tenemos derecho al trabajo, porque es arriesgado que el dinero llegue a nuestras manos; algunas ni siquiera tenemos derecho a decidir, porque es una responsabilidad demasiado comprometida.

La pequeña patita tampoco tenía derecho a alcanzar a sus hermanos ni a reírse de sus chistes, y como mamá pata tampoco había crecido igual, retenía a su patita para que se quedara con ella.
Pero no podemos conformarnos con formar una sociedad de patitas obstaculizadas y mamás pata y patitos impedimento; necesitamos patas impulso, patitos estímulo y patitas curiosas. Y en ese sentido el Banco Mundial está desarrollando una labor magnífica con las bandadas de patos que más lo necesitan y está llevando a cabo programas de desarrollo para promover el crecimiento y la contribución de las niñas a la sociedad en su edad adulta. Porque el impulso a la prosperidad compartida, es el primer paso para poner fin a la pobreza.

Si tenéis cinco minutos, os invito a que visitéis también el blog del Banco Mundial y os informéis de los muchos proyectos que lleva a cabo. Al fin y al cabo, somos patit@s activ@s, ¿o no?

20131103-224610.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s