La tendencia social de quedar bien


Y es una convicción que crece en mí a cada día que pasa. ¿Que está bien visto llevar una botella de vino cuando te invita a comer tu familia política? Pues todo el mundo a hacerse con la botellita… Aunque hay quienes todavía se arriesgan  un poco más y se lanzan a llevar el postre. ¿Que te invitan a comer a un restaurante japonés minimalista (os recomiendo Hanakura encarecidamente) y odias el sushi? Pues toca demostrar tus dotes de maestro palillero, pero eso sí, para abanicarte.

Pero mi teoría de hoy va mucho más allá de los fogones. De hecho, se traslada hacia otra estancia presente en casi cualquier recinto: el cuarto de baño. Lo que he descubierto llevo rumiándolo bastantes meses, incluso años, y creo que es tiempo suficiente para compartir los resultados como experimento sociológico de elevada fiabilidad.

Hay que lavarse las manos después de visitar al señor Roca” (cada uno sabemos los motivos que nos llevan allí); de todos es sabido y por todos es dicho, afirmado y reconocido. Tú entras a un cuarto de baño público y la chica que has pillado in fraganti mirándose al espejo se dispondrá a lavarse las manos de inmediato ante el bochorno de que una desconocida la haya descubierto arrancándose una cana.

O sales de tu habitáculo y la chica que abandona el habitáculo contiguo se lava las manos en el lavabo, también contiguo al tuyo.

¿Pero qué ocurre si no te ven? ¿Qué pasa si estás a la sombra escondida en ese habitáculo (al que, por cierto, la mayoría de las veces le falta papel)? ¡Que el 85,7% de las personas no se lavan las manos! Eso es así, lo he  comprobado. Las personas se ocultan en el anonimato del “otro lado de la puerta” para hacer cosas que de otro modo no harían. Y no, no se lavan las manos después de hacer aguas menores… ¡Y quién sabe si un poco más mayores!

Y esto no es algo inherente al género femenino; no he indagado en los baños del otro sexo, pero sí he contrastado los datos con personas que sí los frecuentan, y el resultado es siempre el mismo.

Pero si no se lavan las manos habitualmente, ¿por qué lo hacen cuando hay alguien delante? Pues por eso, por la tendencia social de quedar bien.

¡Ah, por cierto! Yo pertenezco al 14,3% que me lavo las manos con testigos y sin ellos.

¡Qué horror!

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